“Bartleby” y “La Criatura” de Edu Molina
Edu Molina, es un dibujante esencial de nuestra historieta que en los últimos años, además de volver a Animal Urbano para Webcomic Mutante, publicó Tierra de Nadie sobre guiones de Roberto Barreiro y participó de libros colectivos como Así Mataban de Héctor Bellagamba y Misterios Conurbánicos de Rafael Curci.
No obstante, está radicado en México desde hace muchos años, así que hay que aprovechar cuando viene a La Plata para comprarle los libros que publica allá y que acá no se consiguen.
En este caso, regresa a las adaptaciones literarias (de las que ya habíamos disfrutado su Herbert West: Reanimador) con dos libritos que quisiera reseñar brevemente.
Bartleby, el escribiente

Esta adaptación de la nouvelle de Herman Melville cuenta con guiones de Juan Carlos Kreimer y (aunque sale con los sellos Independientes Extraordinarios y Latino Toons) se materializó a través de un Kickstarter en enero de 2025.
A pesar de que el trabajo ya tenía algunos años de realizado, no me extraña tanto que le haya costado encontrar un lugar en el mercado editorial ya que el texto original parece bastante difícil de adaptar.
Antes de que el libro llegara a mis manos, me pregunté varias veces ¿Qué puede aportarle el apartado gráfico a una historia sobre un empleado que se niega a trabajar y que transcurre casi íntegramente en la oficina de un abogado? ¿Cómo se dibuja página tras página de un tipo que permanece casi inerte porque prefiere vegetar antes que laburar?
En este caso, Molina trabaja en un registro mucho más claro del que nos tiene acostumbrados. Digo “claro” en tanto que cercano al blanco, no en el sentido de “línea clara” porque su trazo siempre está quebrado y cuajado de coagulitos pero sí que abandona las grandes manchas negras que son características de su estilo. También recurre menos a la superposición de tramas mecánicas que le daban oscuridad y complejidad a algunas de sus obras anteriores, manteniendo un estilo más simple y despojado. Aunque tampoco esto es exacto del todo. En realidad, ocurre que los grises no aportan oscuridad sino que la restan ya que suporponen una veladura de blanco sobre las tintas negras, quitándole contraste a la página y haciendo que todo tienda al gris.
Gris… como la historia que se cuenta.

Otra gran dificultad que impone el texto original es que, ante la inactividad del protagonista, abundan las reflexiones, las dudas y las ideas del narrador testigo. Casi podría decirse que en la nouvelle de Melville no pasa casi nada fuera de la cabeza del narrador pero dentro de esa cabeza ocurren mil cosas.
Para resolver esto, justamente es esencial el recurso de la veladura que mencionaba antes, ya que permite desdoblar el relato en dos planos. El de la realidad donde las tintas son plenas y el del pensamiento del abogado, velado en gris, que muchas veces se yuxtapone en la misma viñeta al estilo de El Otro yo del Dr. Merengue.
Mientras la realidad se limita a una oficina, la imaginación abre el juego para que Edu pueda dibujar un desierto, un bosque, un mercado o una góndola cruzando los canales de Venecia. Mientras en la realidad Bartleby no hace nada porque no quiere y su empleador no hace nada porque no sabe que hacer con él, en el plano de la imaginación, lo echa a patadas, lo denuncia, se arrepiente, lo adopta o lo estrangula.
La Criatura

Esta es un poco menos obvia. La Criatura es una adaptación de un episodio de Frankenstein de Mary Shelley.
Para ser más exacto, la novela original se divide en tres volúmenes.
El primero cuenta la creación y el abandono del monstruo por parte de su (¿irresponsable? ¿despistado? ¿inconsciente?) creador, hasta que el asesinato del pequeño William le recuerda que había dejado tirado a un muerto resucitado de dos metros y medio de estatura con fuerza y agilidad sobrehumana.
En el segundo volumen se produce el reencuentro de Víctor con su creación y es donde la criatura le cuenta todo lo que vivió en estos años en los que tuvo que aprender por su propia cuenta cómo era el mundo, la naturaleza y el ser humano.
Recordarán que la mayor parte del tiempo la pasó escondido viendo a una familia de campesinos de los que aprendió a hablar, leer y (sobre todo) aprende los sentimientos y las relaciones que existen entre las personas. A partir de esta “convivencia” que termina de la manera más violenta, el pobre monstruo comprenderá que tiene mucho amor para dar y no sabe donde ponerlo.
Este es mi episodio favorito, al que considero más emotivo y el que elige Edu Molina para adaptar.
La transposición, en muchos aspectos, es más fiel que la mayoría de las versiones cinematográficas y en otros, se aparta voluntariamente.
Como casi todas las adaptaciones de Frankenstein, deja de lado a la joven y bella Safie (que como era turca, tenía que aprender francés) y la reemplaza por un niño al que le enseñan a leer. Tratándose de una familia campesina viviendo en una cabaña, ni el vestuario ni la utilería son demasiado orientativos respecto de la época pero, faltando pocas páginas para terminar, aparece una camioneta totalmente extemporánea que fuerza a traer el relato al menos un siglo hacia adelante respecto de la obra de Shelley.
Aunque, sin dudas, la licencia que más llama la atención es que la criatura es una mujer. ¿Cambia tanto ese hecho? La verdad es que, narrativamente, no modifica casi nada. Sin embargo, es una decisión muy evidente y es natural que al lector le genere curiosidad saber las razones de esa elección.
Como ya eran demasiadas las preguntas que nos quedaban sin aclarar, hablamos con Edu Molina quien, amablemente, nos dijo lo siguiente:
“Lo que pasa es que eso que vos ves es un fragmento de una adaptación integral de Frankenstein que empecé durante la pandemia y de la que me falta dibujar unas veinte o veinticinco páginas. La versión completa tendrá unas 150 páginas, transcurre acá en México y en la actualidad. Así que va a tener muchas referencias a la situación política y social actual.
Pero, en algún momento, me di cuenta de que ese episodio podía funcionar de manera autónoma porque la adaptación que hice no está toda dibujada igual. Cada fragmento está resuelto de una manera completamente distinta. Incluso el proyecto lo fui encarando como un verdadero Frankenstein, dibujando cada una de estas partes de manera separada según se me antojaba en cada momento. Lo fui armando como un rompecabezas.
Respecto a las mujeres (te anticipo que Frankenstein también va a ser una mujer y se va a llamar Victoria Finkel) creo que quería ver qué cambiaba en la historia haciendo que fueran dos mujeres. Al final no cambió mucho.”

Materialmente, el libro es cuadradito y la edición de Candela y Punto Libros tiene todo lo bueno de lo artesanal: papel ilustración cosido, tapas de cartón entelado con la ilustración de portada aplicada a mano. En la mayoría de las páginas, Edu elige una grilla de cuatro cuadros con su estilo de pincel bien cargado para definir manchas precisas de blanco y negro. Pero esta vez, acompañadas de color.
Hasta llegar al gran final, cada viñeta es monocromática y se resuelve en diferentes valores de azul o de verde. El color elegido suele servir como indicador de exterior/día o interior/noche. En la mayoría de los casos los colores son planos aunque también se usan para dibujar algunas sombras o completar detalles del fondo.
Esta edición (que ahora sabemos parcial) resulta en una obra cortita y totalmente recomendable. Esperemos que Edu la termine y pronto tenga una edición local.
Pero no quiero cerrar la reseña sin citar completo el colofón que tiene la edición mexicana y que me pareció extraordinario:
“Este libro terminó de imprimirse en octubre de 2025, mientras en Gaza había cientos de miles de personas sufriendo una hambruna extrema, con niños en desnutrición severa, sin un acuerdo real y conveniente de alto al fuego para ellos, como un momento crucial de esperanza.”

