Reseñas

“Mendigo” de Jorge González y Carlos Jorge

Tras la publicación en nuestro país de Fueye (Común, 2012), Llamarada (Hotel de las Ideas 2021) y Dear Patagonia (Sector, 2024), supe que tenía que prestarle atención a todo lo que saliera del tablero de Jorge González.
En el sitio ya están reseñadas sus dos colaboraciones con Horacio Altuna: Hard Story y Hate Jazz. Hoy le llegó el turno a Mendigo, un álbum de solo 48 páginas publicado en 2004 por Glenat sobre guiones de Carlos Jorge.

La historia (las historias)

Cada día, un mendigo revisa meticulosamente los obituarios del diario para saber si murió un tal Víctor.

Un yuppie cocainómano le debe plata a un mafioso y se está quedando sin opciones antes de que le hagan la boleta.

En el club Amador, un sicario juega una partida de ajedrez con un camarero. Cada uno se toma un día entero para hacer su movimiento. Eventualmente, alguno de los dos cometerá un error pero será un error bien meditado.

Una antigua modelo lleva más de veinte años casada con un rico hombre de negocios, cuida sus rosas pero no le gusta su vida. Quizás ya no se amen.

Se puede observar el grafismo y las tramas creadas en el color.

En la primera mitad del tomo, cada personaje que aparece te engancha. Cada una de sus historias te interesa de inmediato pero las poquitas páginas del álbum te hacen desconfiar de que a tanto material narrativo puesto al asador se le pueda dar una resolución coherente desde lo argumental y desde lo estético.
Cómo se empezarán a cruzar estos personajes y sus historias es algo que no puedo revelar sin despojar a la trama de su atractivo. Sí diré que el resultado es muy sólido, que la estructura es excelente a pesar de la brevedad de la obra y que me recordó a Amores Perros (la película de González Iñarritu que estaba muy de moda en esa época) y no solamente por el planteo coral.
Si alguien los conoce a Carlos Jorge, transmítale mis felicitaciones. Yo no lo ubiqué ni googleandolo.

El dibujo (¡Y el color!)

Pero por lo que todos llegamos acá es por el arte de Jorge González y hay que arrancar diciendo que, en este caso, es totalmente soberbio.
Aunque cronológicamente se encuentre a mitad de camino entre Hard Story y Hate Jazz, es evidente que el salto ya se había producido y se encuentra muchísimo más ligado estilísticamente al segundo que al primero.
Es cierto que la ambientación también ayuda… con sus clubes nocturnos, prostitutas, desnudistas y músicos de jazz, pero el asunto central recae en el uso del color.

Además de la deformación de la perspectiva propia del cubismo, llaman la atención las manchas rojas de la primera viñeta


Acá el color significa, comunica y crea otro nivel de análisis que se superpone al del guion y el del dibujo.
Desde la primera página, resuelta en base a rojos, bordó y diferentes valores de azul, queda claro que la intención no es realista sino que el color está al servicio de la atmósfera que se quiere crear. Aunque, en este caso, también va un paso más allá porque, al abandonar el realismo, el color se transforma en signo.
Fer Calvi contaba que una vez, hizo que uno de sus personajes tuviera la nariz azul. Durante un tiempo, todos los que le hablaban de la serie le preguntaban: ¿Por qué la nariz era azul? O dicho de otra forma: ¿Qué significaba que la nariz fuera azul?
Aunque solo fuera un detalle, el color se había transformado en signo y, como tal, había que asignarle un significado.
¿Cómo explicar, entonces, lo que ocurre acá?
El color dibuja patrones en el cielo (que no parecen nubes), en las paredes de los edificios (que no necesariamente son sombras) y sobre el rostro de los personajes (aunque no se correspondan con los colores de la piel).
Los azules se asocian con la oscuridad pero también con la depresión de Juliuis. Un día claro en la ciudad puede resolverse con grises, amarillo ocre y violáceos. Solo habrá que ir sumándole rojos para indicar que se van encendiendo los neones de la noche. Porque las escenas donde predomina el naranja pueden asociarse al calor pero también a la iluminación nocturna y a la violencia. Pero también puede ser que el asesino a sueldo se contagie del blanco y negro de las piezas y el tablero de ajedrez.
Hay una escena muy explícita en la que Julius tiene que abandonar su callejón (azul-depresión) y lanzarse a la acción y a la calle iluminada de naranja (anticipo de la violencia).
Todo puede cargarse de significado o el lector puede abandonarse al placer que le ofrecen un buen guion y un despliegue visual excepcional, y simplemente, dejarse llevar.

El paso de la postergación de la vida a la acción representada en el color

Desde el punto de vista del estilo y la paleta, en este periodo de González, siempre hay un juego con la estilización y el cubismo. También saltan a la vista las influencias de Miguelanxo Prado y Lorenzo Matotti pero eso ya lo dije en una nota anterior, antes lo dijo Aníbal en su reseña de Dear Patagonia y antes lo dijo Accorsi (y tal vez alguien lo haya dicho antes que él pero no me atrevo a afirmarlo porque Andrés está desde el principio de todas las cosas).
En cuanto a lo que refiere a los materiales, hay mucho trabajo con materiales más secos y otros más pastosos como lápices, tizas y pasteles al óleo. Un rasgo muy particular del estilo plástico de esta obra es que los colores nunca son plenos del todo sino que pueden percibirse las líneas que se van superponiendo y formando auténticas tramas de color que se funden en una mezcla óptica pero pueden descomponerse ante una mirada atenta.

En mi opinión: La mejor obra de Jorge González anterior a Fueye y la mejor forma en la que podés invertir el tiempo que te lleva leer 48 páginas.

Facundo Vazquez

Profe de literatura proveniente del conurbano profundo. Ama la historieta, su historia y es nuestro embajador en Croacia.